De repente llega la sorpresa a los rostros cuando menciono que camino, no es en sí el hecho de caminar sino la distancia, con travesías que a veces duran hora y media o más, a un paso constante, los demás enmudecen. No recuerdo en que momento había dejado de hacerlo pero sí cuando comencé de nuevo. Hay quienes nunca tuvieron esa costumbre y con movimientos que abogan por el uso de la bicicleta, excelentes promociones de financiamiento para los automóviles y ciudades ilusoriamente extensas que obligan al autobús, caminar cada vez se vuelve menos común.
Caminar implica un esfuerzo físico mayor al momento de desplazarse, es por mucho una forma más lenta de moverse que otros medios de transporte y es además inseguro; estás expuesto a asaltos, atropellos, revisiones de rutina y todas esas cosas a las que uno es vulnerable si va a pie. Entonces ¿por qué caminar?.
En el verano pasado en Ensenada, B.C. entrevistamos a un grupo de surfistas sobre sus actividades en pro de la conservación de las playas de la zona. El agua de esas playas había sido mandada a analizar por ellos para conocer el grado de contaminación que tenían. Lo que encontraron no fue una novedad, los niveles de contaminación eran altísimos en muchas de las muestras. Mientras platicábamos con ellos surgió la pregunta de por qué si sabían que esa agua podía llegar a matarlos seguían surfeando en ella. La respuesta fue terminante, si no surfeaban en esas playas nadie más utilizaría ese espacio, lo cual era una oportunidad perfecta para que cualquier promotor inmobiliario que tuviera ganas de hacer dinero fácil a costa de un espacio natural comenzara a construir proyectos sin importarle el impacto ambiental que estuviera causando. No había de otra o arriesgaban su vida por cuidar un espacio o simplemente se quedaban sin espacio.
En ese sentido, caminar es recuperar un espacio y una actividad, comunica que existen aún personas que utilizan las banquetas y por las que se necesitan construir puentes peatonales y parques, además recuerda a nuestro cuerpo que no hace mucho tiempo (unos 250 años) el carro era aún ciencia ficción y que nuestros antepasados más que estar sentados se la pasaban caminando (el hombre llegó a América desde África y buena parte del camino se hizo a pie, a excepción de aquellos que se fueron isleando por el Pacífico Sur)
Por otro lado, caminar sensibiliza, la lluvia, el aire, el sol, todo se siente más andando, y así es fácil darse cuenta de muchas cosas, de como los carros han decidido que el arroyo vehicular no es suficiente y que la banqueta también es de ellos, de como a veces es imposible cruzar una calle sin ser un experto en física, de los espectaculares que son como gritos silenciosos que promocionan estilos de vida lejanos a la realidad de la mayoría, de las prisas de todos que detienen a todos, de la sencillez de vivir y nuestro afán de complicarnos; y es que cuando uno camina, muchas veces está solo, y cuando uno se encuentra solo, no queda de otra más que percibir y pensar.
Hasta la próxima semana.
Caminar implica un esfuerzo físico mayor al momento de desplazarse, es por mucho una forma más lenta de moverse que otros medios de transporte y es además inseguro; estás expuesto a asaltos, atropellos, revisiones de rutina y todas esas cosas a las que uno es vulnerable si va a pie. Entonces ¿por qué caminar?.
En el verano pasado en Ensenada, B.C. entrevistamos a un grupo de surfistas sobre sus actividades en pro de la conservación de las playas de la zona. El agua de esas playas había sido mandada a analizar por ellos para conocer el grado de contaminación que tenían. Lo que encontraron no fue una novedad, los niveles de contaminación eran altísimos en muchas de las muestras. Mientras platicábamos con ellos surgió la pregunta de por qué si sabían que esa agua podía llegar a matarlos seguían surfeando en ella. La respuesta fue terminante, si no surfeaban en esas playas nadie más utilizaría ese espacio, lo cual era una oportunidad perfecta para que cualquier promotor inmobiliario que tuviera ganas de hacer dinero fácil a costa de un espacio natural comenzara a construir proyectos sin importarle el impacto ambiental que estuviera causando. No había de otra o arriesgaban su vida por cuidar un espacio o simplemente se quedaban sin espacio.
En ese sentido, caminar es recuperar un espacio y una actividad, comunica que existen aún personas que utilizan las banquetas y por las que se necesitan construir puentes peatonales y parques, además recuerda a nuestro cuerpo que no hace mucho tiempo (unos 250 años) el carro era aún ciencia ficción y que nuestros antepasados más que estar sentados se la pasaban caminando (el hombre llegó a América desde África y buena parte del camino se hizo a pie, a excepción de aquellos que se fueron isleando por el Pacífico Sur)
Por otro lado, caminar sensibiliza, la lluvia, el aire, el sol, todo se siente más andando, y así es fácil darse cuenta de muchas cosas, de como los carros han decidido que el arroyo vehicular no es suficiente y que la banqueta también es de ellos, de como a veces es imposible cruzar una calle sin ser un experto en física, de los espectaculares que son como gritos silenciosos que promocionan estilos de vida lejanos a la realidad de la mayoría, de las prisas de todos que detienen a todos, de la sencillez de vivir y nuestro afán de complicarnos; y es que cuando uno camina, muchas veces está solo, y cuando uno se encuentra solo, no queda de otra más que percibir y pensar.
Hasta la próxima semana.

3 comentarios:
Orale Darío esta chido ehh!!! Si alcanze a percibir como esta idea y un poco el estilo de Pablo aunque el producto al final es tuyo y se lleva los créditos. Muy bueno en verdad. Hasta la próxima semana :D!!!
Hola Dario, Me gusto la entrada, caminar es bueno., y concuerdo en muchas de las cosas que escriben .Frecuentemente recuerdo algo que lei relacionado a que las banquetas denotan la calidad de vida de una ciudad. Un peaton agradece las banquetas amplias y si estan sombreadas por arboles mejor.
Aida: Gracias por el comentario y ya sabes, sí te gusta rólalo.
Gaby: De acuerdo con eso de las banquetas amplias y con sombra de árboles. El sonido que producen el roce de las hojas es un excelente tranquilizante.
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