De Gentrifiación y las Chivas del Guadalajara

sábado, 22 de enero de 2011 by Irado Be
Gentrification: process by which wealthier (mostly middle-income) people move into, renovate, and restore housing and sometimes businesses in inner cities or other deteriorated areas formerly home to poorer people.

El fútbol siempre me ha parecido un fenómeno interesante, desde mi inicial adversión debido a la insistencia de mi padre para que lo practicara (imagino que le hubiera gustado que reviviera las antiguas glorias de Checo Beltrán) hasta la recuperación del gusto debido al ritual de socialización en torno a él, ha sido más como una relación de amor y odio.

Una de las cuestiones que más llaman mi atención es el fanatismo en torno a dos equipos, las Chivas del Guadalajara y las Águilas del América. Por una parte se encuentra el tapatío humilde, el equipo hecho solo con jugadores mexicanos, el espíritu del barrio provinciano y los chistes de albañiles (a poco no saben porque cuando jugaban las chivas en el Jalisco siempre había una nube de cal arriba del estadio). Por el otro tenemos el equipo de los millonarios, del fresa (aunque sea «wannabe»), con extranjeros y armado a punta de billetes, del capitalino «progre» cosmopolita. O al menos eso parecía.

La apertura del estadio Omnilife como cede de las Chivas del Guadalajara (aunque esté en Zapopan y hasta el carajo) marca desde mi perspectiva una cuestión que va más allá de buscar una casa propia, un lugar donde no tienes que compartir el espacio con tu hermanito feo que no gana un campeonato desde el 51 o con tu hermano lelo que cree que por ser universitario ya puede jugar fútbol (venga que se sienta LEONEEESSSS, LEONEESSSSS, UDG RA RA, dicen que hay un excelente ambiente cuando juega este equipo pero nada más); es una cuestión de Gentrifiación.

Sé que el concepto no aplica directamente puesto que hace referencia a los inmuebles en zonas humildes que son ocupados por personas con mayor capacidad económica; sin embargo en un nivel simbólico, la apropiación de un espacio a punta de billetes no es muy diferente a la resignificación de un equipo de identidad humilde a partir de unas líneas empresariales instauradas por una directiva que quiere comenzar a hacer del equipo un espacio de identificación para el aficionado pudiente.

¿En qué se observa? El costo del boleto se ha incrementado, las dificultades para acceder al inmueble a través del transporte público (bueno también en transporte privado), la localización del mismo estadio (Zapopan es el municipio más «rico» de la zona metropolitana).
Tal vez sean solamente mis ideas, pero bien sirve para hacer notar que los procesos de Gentrificación no son inherentes al campo del urbanismo. Sería interesante formular un concepto que englobe todos los fenómenos afines, desde la cultura kitsch pasando por los hipsters hasta los buchones y narcocultura (que a mi parecer estos dos últimos son lo opuesto a esta tendencia, clases humildes apropiándose de expresiones de clases altas; la pedrería, las camionetas enormes y la falta de conciencia social, no entendida como conciencia de clase, aclaro).
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La ligereza de caminar

miércoles, 5 de mayo de 2010 by Irado Be
De repente llega la sorpresa a los rostros cuando menciono que camino, no es en sí el hecho de caminar sino la distancia, con travesías que a veces duran hora y media o más, a un paso constante, los demás enmudecen. No recuerdo en que momento había dejado de hacerlo pero sí cuando comencé de nuevo. Hay quienes nunca tuvieron esa costumbre y con movimientos que abogan por el uso de la bicicleta, excelentes promociones de financiamiento para los automóviles y ciudades ilusoriamente extensas que obligan al autobús, caminar cada vez se vuelve menos común.


Caminar implica un esfuerzo físico mayor al momento de desplazarse, es por mucho una forma más lenta de moverse que otros medios de transporte y es además inseguro; estás expuesto a asaltos, atropellos, revisiones de rutina y todas esas cosas a las que uno es vulnerable si va a pie. Entonces ¿por qué caminar?.


En el verano pasado en Ensenada, B.C. entrevistamos a un grupo de surfistas sobre sus actividades en pro de la conservación de las playas de la zona. El agua de esas playas había sido mandada a analizar por ellos para conocer el grado de contaminación que tenían. Lo que encontraron no fue una novedad, los niveles de contaminación eran altísimos en muchas de las muestras. Mientras platicábamos con ellos surgió la pregunta de por qué si sabían que esa agua podía llegar a matarlos seguían surfeando en ella. La respuesta fue terminante, si no surfeaban en esas playas nadie más utilizaría ese espacio, lo cual era una oportunidad perfecta para que cualquier promotor inmobiliario que tuviera ganas de hacer dinero fácil a costa de un espacio natural comenzara a construir proyectos sin importarle el impacto ambiental que estuviera causando. No había de otra o arriesgaban su vida por cuidar un espacio o simplemente se quedaban sin espacio.


En ese sentido, caminar es recuperar un espacio y una actividad, comunica que existen aún personas que utilizan las banquetas y por las que se necesitan construir puentes peatonales y parques, además recuerda a nuestro cuerpo que no hace mucho tiempo (unos 250 años) el carro era aún ciencia ficción y que nuestros antepasados más que estar sentados se la pasaban caminando (el hombre llegó a América desde África y buena parte del camino se hizo a pie, a excepción de aquellos que se fueron isleando por el Pacífico Sur)


Por otro lado, caminar sensibiliza, la lluvia, el aire, el sol, todo se siente más andando, y así es fácil darse cuenta de muchas cosas, de como los carros han decidido que el arroyo vehicular no es suficiente y que la banqueta también es de ellos, de como a veces es imposible cruzar una calle sin ser un experto en física, de los espectaculares que son como gritos silenciosos que promocionan estilos de vida lejanos a la realidad de la mayoría, de las prisas de todos que detienen a todos, de la sencillez de vivir y nuestro afán de complicarnos; y es que cuando uno camina, muchas veces está solo, y cuando uno se encuentra solo, no queda de otra más que percibir y pensar. 


Hasta la próxima semana.
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